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Todo depende |
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De según como pilles al funcionario de turno, todo depende. Hace unos meses me fui a vivir a un pueblo de las afueras de Madrid y, aparte de la consabida mudanza, esto siempre conlleva otros trastornos. Sin duda los más temidos son los papeleos. Empadronamiento y cambio médico, principalmente. Aprovechando que por aquel entonces andaba yo de temporada medio sabática, comencé con algunos de ellos. El empadronamiento y el médico de mi novia y mi propio empadronamiento. El cambio de médico no porque, al llevar un tiempo en paro, tenía que hacerme dependiente de otra persona y ni mi salud lo requería ni, para bien o para mal, iba a tardar en tener un trabajo. Con el horario de jubilado y un abono transporte es muy fácil: puedes dar todos los viajes que quieras y el ánimo es otro. Vamos, que un "te falta...", o un "ha salido..." se sobrellevan con más humor que si has tenido que pedirte un día libre en el curro para dar vueltas. En principio, los requisitos son sencillos. Para hacer los papeles de una tercera persona: autorización, recibo en el domicilio y DNI del interesado para el padrón; DNI, tarjeta antigua y padrón para el cambio de médico. Aparte de eso, acertar con el horario de cafés de ambos funcionarios y, en el caso del médico, con el de recepción de solicitudes que comprende las horas centrales de la mañana y de la tarde, para ponérselo aun más difícil al que trabaje (para los que no trabajan hay aun más trabas) Uno se resigna, intenta poner todo de su parte y, con un poco de suerte y una buena conjunción de astros, lo consigue sin mayores contratiempos. Las cosas se tuercen cuando, por algún motivo, la conjunción se rompe. Te es imposible ajustarte al horario o, sorpresa!, las condiciones cambian. De repente, hace falta una autorización firmada para sacar la tarjeta del médico. El DNI original, la tarjeta antigua y el volante de empadronamiento (para el cual es ya necesaria una autorización) no son suficiente hoy (ayer si, mañana ya veremos) O quizá el volante tiene unos meses y ya no les vale: de vuelta al ayuntamiento a por otro. Pero, maldición, no llevas autorización. Es necesario, imprescindible, imposible conseguirlo sin él, pero te quejas un poco y te lo dan. Vuelves al centro de salud, te atiende otro funcionario y vuelta a empezar. Otra vez te cabreas y consigues que esas rígidas normas pasen a ser simples recomendaciones y todo es más fácil. Luego la persona no aparece por nombre y apellidos y resulta que se enfrentan al tremendo esfuerzo de teclear un DNI a ver si así aparece. Con un poco de motivación y ánimo se lanzan y, maravillas de la técnica, funciona. Lo que hace diez segundos era un fallo informático (comodín de comodines, disfraz de incompetencias) no es más que un error ortográfico de un funcionario anterior de la cadena. Al final, te quedan dos sensaciones: que si pueden te torean y que si te pones farruco consigues lo que necesitas. Tu te llevas el rebote puesto y ellos... se tomarán otro café.
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| Jueves, 11/02/2010
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1 comentario  |
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Re: Todo depende |
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Eres un seco, pobres funcionarios. Lleva los papeles, saca boli y papel y apunta todo lo que te digan. Una vez hecho, se lo lees en alto a ver si falta algo. Terminada la comprobación, preguntas por los horarios y haces la misma operación. Los plazos de presentación y lo mismo, las posibilidades de usar fax, email, teléfono... y apuntas cada una de ellas. Una vez cerrado todo, intentas volver al princio o bien te interesas por las modalidades de reclamación, atención al ciudadano, superiores... Despacito todo y mirando a los ojos. Y si encima tienes tiempo y te puedes volver a poner a la cola, la cara del sujeto merece la pena. Si encima terminas echando a la cola encima del de la ventanilla, éxito total. El mundo es de los pelmas.
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| Pelma convencido.
02/11/2010 |
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